Hay vidas que se narran en capítulos paralelos. En Villa Carlos Paz, si uno busca a Sebastián Fernández por la mañana, es muy probable que lo encuentre entre el aroma a masa y el calor del horno en su fábrica «La culta empanada» —cuyo logo, curiosamente, lleva la estampa de un Jorge Luis Borges con su bastón—. Pero si se lo busca en el silencio de sus horas libres, Sebastián habita otro oficio: el de moldear mundos a través de las palabras.
Con cuatro libros editados en su haber, el escritor local acaba de lanzar su obra más íntima y ambiciosa: «Luciérnagas en el cabo», un trabajo de relatos personales que desentierra la historia de su bisabuelo en la Primera Guerra Mundial y explora los interrogantes profundos que llegan con la madurez.
El despertar literario y el eclecticismo como sello
La pasión de Fernández por la escritura no nació en una biblioteca, sino en una sala de cine. «Me gustaba mucho el cine y por ahí me atraía la parte de atrás de la idea concebida, el guion», recuerda sobre sus inicios a los 18 años. Sin embargo, rápidamente entendió que para escribir bien el único camino era devorar libros; así construyó su propia biblioteca y se sumergió en el universo literario.
A los 25 años publicó su primera novela con una editorial cordobesa, una historia catalogada para adolescentes que jugaba con las piezas de un rompecabezas alrededor del «juego de la copa». Desde entonces, su camino ha sido marcadamente ecléctico: transitó el terror, el libro de cuentos (editado por el Fondo Editorial de la Municipalidad de Carlos Paz) y la crónica histórica con un texto sobre Malvinas.
«Luciérnagas en el cabo»: Identidad, guerra y memoria
Su nuevo proyecto, Luciérnagas en el cabo, es un libro corto en páginas pero extenso en su proceso de maduración. A diferencia de sus ficciones previas, este texto está atravesado por cuestiones filosóficas más profundas que, según el autor, aparecen inevitablemente con el paso del tiempo: la soledad, los interrogantes de la vida y la muerte.
El núcleo más potente del libro rescata la épica y dolorosa traición familiar de su bisabuelo, Nicola Sola, un joven del norte de Italia que en 1914 fue llamado a combatir en los frentes alpinos durante la Gran Guerra. Tras pelear en una docena de batallas, cayó prisionero en la célebre batalla del Isonzo y fue forzado por el ejército alemán a cruzar a pie la distancia entre Austria y Alemania bajo condiciones extremas de frío y hambre. Tras sobrevivir trabajando como herrero, en 1922 emigró a la Argentina, sembrando la semilla de una identidad que hoy su bisnieto reconstruye con rigurosidad literaria.
«A todo el mundo le llama siempre la atención la historia de su origen. Uno se pregunta siempre, quiere saber; es la identidad de cada uno lo que te lleva», reflexiona Fernández, quien incluso logró rastrear su genealogía hasta su tatarabuelo, un antiguo jefe de estación ferroviaria en San Secondo, Italia.
Amasar y escribir: La filosofía de la autogestión
Consultado sobre la curiosa dualidad entre su labor gastronómica y su producción literaria, Fernández encuentra un hilo conductor muy claro: la independencia. «A mí siempre me gustó autogestionarme en todos los sentidos, andar por mi cuenta, hacer por mi cuenta y tener una voz mía que me indique cómo llevar el asunto. Creo que por ahí va la mano con el tema de la literatura y con el laburo».
Frente al panorama cultural actual y las mutaciones tecnológicas, el escritor reconoce con nostalgia que extraña ver las librerías llenas como hace dos décadas, pero se mantiene firme en el oficio, tomándose el tiempo necesario para corregir, releer y pulir sus textos con absoluta seriedad.
Dónde conseguir el libro
«Luciérnagas en el cabo» ya se encuentra disponible para los lectores de la región. En Villa Carlos Paz se puede adquirir en la librería Había una vez y en la librería de la Mutual de Taxis de calle Juan B. Justo. En la ciudad de Córdoba, en tanto, se consigue en la clásica librería y cafetín Quo Vadis (calle Avellaneda).