Cuando casi todos los pronósticos daban como favorito al conjunto alemán, Paraguay volvió a demostrar su carácter competitivo y su capacidad para crecer ante los gigantes del fútbol mundial. El equipo dirigido por Gustavo Alfaro resistió durante gran parte del encuentro el dominio europeo y golpeó en el momento justo.
El primer golpe llegó antes del descanso, cuando Julio Enciso abrió el marcador y desató la ilusión paraguaya. Alemania reaccionó en el complemento y logró el empate a través de Kai Havertz, llevando el partido al tiempo suplementario.
Durante el alargue, Paraguay sostuvo el resultado con una actuación defensiva de alto nivel y con un enorme trabajo de su arquero Orlando Gill, una de las grandes figuras de la noche. Incluso, el guardameta paraguayo se lució en la tanda de penales con una intervención decisiva que terminó inclinando la balanza para los sudamericanos.
La clasificación adquiere todavía más valor si se tiene en cuenta que Paraguay llegaba como uno de los equipos menos favoritos de la llave y enfrentaba a una selección alemana que había terminado primera de su grupo y que aparecía entre las candidatas al título.
El entrenador Gustavo Alfaro había anticipado en la previa que si Paraguay había sido capaz de derrotar a selecciones como Brasil y Argentina durante las Eliminatorias, también podía competir contra Alemania. La noche de Boston terminó dándole la razón.
La victoria desató festejos en Paraguay y quedó inmediatamente instalada como una de las páginas más importantes del fútbol guaraní en las últimas décadas, comparable con aquellas históricas campañas mundialistas que llevaron al país hasta los cuartos de final en Sudáfrica 2010.