El gobernador bonaerense tuvo este viernes en La Falda su primer acto de campaña presidencial. Ante gremialistas de todo el país, evitó la confrontación fácil y apostó a tender puentes hacia una provincia que considera estratégica: «Hay que construir una alternativa entre todos», dijo.
Córdoba no es cualquier provincia. Es un territorio deseado, un bastión cultural y productivo que ningún candidato con ambiciones nacionales puede darse el lujo de ignorar. Pero también es una tierra que durante décadas ha mantenido su propia identidad política, a menudo esquiva a las lógicas del oficialismo nacional. Por eso, cuando Axel Kicillof decidió que su primer acto de campaña presidencial fuera en suelo cordobés, muchos entendieron el mensaje: si se quiere gobernar la Argentina, hay que ganarse a Córdoba. No con prepotencia, no con concesiones vacías, sino con presencia, diálogo y propuestas concretas.

El escenario elegido fue La Falda, en el corazón del Valle de Punilla, un lugar simbólico donde el peronismo gremial tiene una de sus representaciones más sólidas: el hotel de la Federación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA). Allí, el gobernador bonaerense fue recibido por cientos de delegados de todo el país, en un auditorio que se llenó con la calidez de quienes creen que el peronismo aún tiene mucho para dar.
Fue Héctor Daer, reelecto esta semana al frente de FATSA hasta 2030, quien tuvo a su cargo la presentación. Y lo hizo con una sinceridad política que merece ser subrayada: «Más allá de sus valores como dirigente, Axel es una gran persona. Creemos que sos el mejor candidato que tiene el peronismo para conducir los destinos de la Argentina». El cántico de «Axel presidente» no tardó en estallar, con esa cadencia de cancha de fútbol que los argentinos conocemos bien.
Córdoba como destino, no como obstáculo
A diferencia de otros dirigentes que esquivan a Córdoba por temor al mal resultado, Kicillof la abraza. No viene a rendir cuentas ni a pedir disculpas por lo que no hizo. Viene a plantar bandera. En su discurso, evitó referirse a Córdoba como un territorio hostil o difícil. Al contrario: la trató con el respeto que se le debe a una meca política, un lugar al que hay que llegar con mensaje, propuesta y vocación de escucha.
Flanqueado por parte de su gabinete —Carlos Bianco, Andrés Larroque, Javier Alonso y Walter Correa— y acompañado por dirigentes cordobeses como el exsenador Carlos Caserio, el extitular del Correo Argentino Eduardo Di Cola y el exlegislador Omar Ruiz, Kicillof desplegó un diagnóstico lúcido de la realidad nacional. Pero no se quedó en las críticas. Fue al final de su alocución donde dejó la frase que resume su apuesta política: «Tenemos que comprender la gravedad del momento. Es necesario que todos los sectores que forman parte del campo popular entiendan que el problema que tenemos es grave y requiere una solución en la que no estemos discutiendo entre nosotros; debemos empezar a construir una alternativa que nos saque de acá».
Estado presente, por encima de las grietas
El gobernador bonaerense no vino con un libreto prefabricado. Habló de las penurias que sufren las provincias —incluida Córdoba— por las políticas de ajuste del gobierno nacional. Pero también habló de esperanza. Dijo que el modelo de Milei es «una catástrofe», pero también dijo que existe una alternativa. Y esa alternativa, propuso, debe ser construida colectivamente, sin exclusiones, sin peleas internas estériles.
«En nombre del peronismo y del movimiento obrero, me tomo el atrevimiento de decir que lo que está haciendo Milei en la Argentina es una catástrofe», sentenció. Y agregó: «A esa catástrofe intentan ocultarla generando más dificultades y más confusión». Pero acto seguido, tendió la mano: «Estamos frente a un modelo que busca modificar la correlación de fuerzas en la Argentina. Frente a eso, el Estado tiene que estar presente. No hay otra manera de resolver los problemas sociales».
Un mensaje federal que el peronismo necesita
La llegada de Kicillof a Córdoba no fue un hecho aislado. Se inscribe en un Tour Federal que ya lo llevó a Formosa y Tierra del Fuego. Pero esta parada tiene una relevancia especial. Porque Córdoba es, para cualquier dirigente nacional, lo que el faro para el navegante: un punto de referencia ineludible.
Kicillof lo sabe. Por eso no esquiva. Por eso viene. Y por eso propone, antes que confrontar, construir. «Tenemos que empezar a construir una alternativa que nos saque de acá», repitió. Y en esa frase, dicha en el corazón de Punilla, hay una promesa: la de un peronismo que tiende puentes, que no se esconde en sus zonas de confort y que entiende que para gobernar la Argentina hay que ganarse a Córdoba propuesta a propuesta, abrazo a abrazo.
Redacción Diario de Punilla
Fuente: Letra P / acto del 9 de mayo de 2026 en La Falda