En la mal llamada Guerra de Ucrania, hay muchas mentiras, sobre todo en torno a las fechas y también a la nomenclatura. En general, las guerras toman el nombre de los países víctimas, no de los países agresores. Así, tenemos la Guerra de Corea o la Guerra de Vietnam, no se las llama «Guerra de Estados Unidos». O la reciente Guerra de Nagorno Karabaj de 2020, no se la llama «Guerra de Azerbaiyán», que fue el país agresor que hizo luego una limpieza étnica de armenios.

Así, la Guerra de Ucrania toma el nombre del pueblo que está pagando los platos rotos. Pero, en este caso, tampoco debería llamarse «Guerra de Rusia», sino más bien «Guerra de la OTAN», porque desde el principio, fue una guerra provocada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia, usando como chivo expiatorio a Ucrania. Y tampoco empezó en febrero de 2022 con la «invasión rusa» a Ucrania. Todo esto empezó mucho antes:

1989: en noviembre cae el Muro de Berlín. Un mes después, en Malta, se reúnen el presidente George Bush (padre) en representación de Estados Unidos y el de la Unión Soviética, Michael Gorvachov. Acuerdan poner fin a la Guerra Fría, la futura reunificación de Alemania y la transición al capitalismo de todo el mundo socialista. Los rusos ponen una sola condición: que la OTAN no se expanda por el espacio post soviético. Occidente se compromete en eso.

Nunca lo cumplió, la OTAN tuvo sucesivas ampliaciones en 1999, 2004, 2009, 2017, 2020, 2023 y 2024 por todos los países de Europa del Este, y en los últimos años, a Suecia y Finlandia.

2021: estuvo a punto de sumarse Ucrania, y ese fue el límite tolerado por Rusia.

Pero antes, en 2014, un golpe de Estado digitado por Estados Unidos y Europa, había cambiado no solo el gobierno de Ucrania sino su posición geopolítica para virar a posiciones agresivas contra Rusia y represivas contra la población ruso parlante del Donbás. Por eso, la guerra empezó muchísimo antes de febrero de 2022, podríamos decir que empezó en 2014 con el Euromaidán, esa revolución naranja anti-rusa y pro-occidental. O quizá en 1999 cuando Occidente empezó a ampliar la OTAN, violando sus acuerdos y amenazando a Rusia.

Durante estos cuatro años de guerra, Ucrania ha sido la cara visible de una guerra manejada tras bambalinas por la OTAN, que es quien suministra no solo armas sino también instructores en el terreno e información estratégica.

Y ahora, el suicidio de Europa

¿Qué está pasando ahora y qué puede cambiar? Por un lado, luego de su derrota en la «Guerra de Irán», pareciera que Estados Unidos está buscando terminar esa página con la menor humillación posible. Posiblemente luego vuelque su furia imperialista contra Cuba o con algún otro frente para desviar la atención, pero a Trump se lo ve con ganas de sacarse un par de lastres de encima: Israel, el verdadero interesado en seguir atacando a Irán, y Europa, cegada por su rusofobia.

Así las cosas, con un Estados Unidos cada vez menos comprometido con la OTAN, los europeos no dejan de plantear su rearme en una nueva alianza bélica de bloque y, fundamentalmente anti-rusa.

La retórica belicista de algunos países supera las bravuconadas de Trump, aunque no se reproducen tanto ni ganan críticas en los medios hegemónicos porque son pronunciados por educados europeos y no por el grotesco y desagradable inquilino de la Casa Blanca. Pero son igual o peores que Trump, sobre todo los funcionarios alemanes e ingleses. Hay que decir aquí que, en esto, Europa está partida, hay algunos gobiernos abiertamente en contra de esta escalada, empezando por Italia y España, y otros que parecieran acelerar el paso hacia el abismo: Alemania, Reino Unido, Polonia y los países bálticos.

Este viernes 22 de mayo, fuerzas de la OTAN tomaron una estación del subte de Londres para usarla como cuartel general y simular operaciones de «ataque profundo» contra Rusia en el supuesto caso de un ataque a las fuerzas del bloque. El Cuerpo de Reacción Rápida Aliado (ARRC) es un cuartel general de la OTAN dirigido por el Reino Unido, y en este caso trasladó su capacidad militar a un andén en desuso de la estación londinense de Charing Cross. Y estos ejercicios tienen relación con declaraciones que sugieren que los ingleses podrían comandar también una fuerza naval que buscara un bloqueo total de Rusia en el Mar Báltico.

Pero los ingleses no están solos, Alemania se está rearmando a paso acelerado, y su ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha advertido que su país debe prepararse para una guerra contra Rusia.

Lo que está pasando en este momento es que, desde hace un par de semanas, han recrudecido los ataques indiscriminados a infraestructura estratégica rusa y a civiles, con drones lanzados por Ucrania, pero provistos y manejados por la OTAN.

El punto cúlmine de esto fue el ataque del mismo viernes 22 a un edificio educativo y la residencia estudiantil en la ciudad rusa de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk. Fueron 16 drones en tres oleadas dirigidos directamente a la residencia, lo que descarta cualquier error. Fue un crimen de guerra deliberado, en el que asesinaron a 12 niños, hay más de 40 heridos y decenas de desaparecidos. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, condenó lo que calificó de «un ataque terrorista perpetrado por un régimen neonazi».  Y agregó: «Quiero recalcar esto, y es importante: no hay instalaciones militares, servicios especiales ni servicios relacionados cerca de la residencia estudiantil. Por lo tanto, no hay base para afirmar que los proyectiles impactaron el edificio bajo la influencia de nuestros sistemas de defensa aérea o de guerra electrónica».

En los últimos días, los drones ucranianos provistos por la OTAN, están surcando los espacios aéreos de los países bálticos, especialmente de Letonia y Estonia. Incluso, hay evidencia de que ya no sólo surcan su espacio, sino que, en muchas ocasiones, están siendo lanzados contra Rusia desde estos países. Como sea, ya es un casus belli para Rusia, que en cualquier momento podría responder legítimamente con un ataque directo a esos países, que son miembros de la OTAN desde 2004. Ahí sí, estaríamos ante una guerra directa entre la OTAN y Rusia. Y no es descabellado pensar ese escenario en el corto plazo.