Los datos estadísticos difundidos recientemente encendieron todas las alarmas en Argentina. Durante 2025 se registraron 5.200 muertes por suicidio, lo que eleva la tasa a 11,8 por cada 100.000 habitantes, superando por primera vez la tasa de homicidios dolosos. La cifra representa un promedio de 14 casos diarios que, según los especialistas, obligan a repensar las políticas públicas de salud mental en el país.
La licenciada Alejandra Rossi, psicóloga y suicidóloga especializada en intervención en crisis, advierte que más allá de las estadísticas alarmantes, el enfoque debe centrarse en comprender el sufrimiento que atraviesan las personas. «En realidad lo que buscan no es la muerte, es dejar de sufrir», sostiene la especialista, quien además es docente en la Universidad Nacional de Córdoba y en la Universidad Católica de Córdoba.
Rossi explica que la conducta suicida debe entenderse como un proceso que comienza con la ideación y atraviesa distintas etapas. «Se empieza con la ideación, se va como coqueteando con esta posibilidad de salida, hasta que en algún momento la realidad se impone y viene la ambivalencia», describe. Precisamente en esa ambivalencia, señala, las personas dan señales de alerta y muchas veces consultan o piden ayuda a alguien cercano, lo que abre una ventana de oportunidad para la intervención.
Uno de los puntos que más preocupa a la especialista es el seguimiento de quienes han intentado quitarse la vida. Aunque valora la obligatoriedad de registrar los intentos de suicidio como una iniciativa positiva, cuestiona que la detección no sea suficiente. «A mí lo que me sigue preocupando es que la detección sola del intento no nos alcanza si a esa persona que lo hizo no se le dio un seguimiento, no pudo acceder a un tratamiento o a un espacio donde poder trabajar justamente lo que generó ese intento», enfatiza. Y agrega que quienes han realizado un intento cargan con un factor de riesgo personal que, si no es cuidado, abre una brecha amplia en la contención.
En relación al abordaje mediático del tema, la licenciada sostiene que la comunicación responsable es clave para evitar procesos de identificación en personas vulnerables. «Cuando decimos ‘se suicidó por’ o lo hicieron con tal método, entonces alguien que cree que está en las mismas condiciones se identifica y muchas veces piensa que quien se quitó la vida tuvo una solución», explica. Advierte además que atribuir el hecho a una causa única es un reduccionismo que invisibiliza la complejidad de cada historia de vida.
Sobre los factores sociales vinculados al aumento de casos, Rossi señala que la cuestión económica incide, pero no puede ser considerada como única explicación. Menciona hitos históricos como la crisis de 2001 que mostraron aumentos en las tasas, aunque insiste en que «es dentro de la historia de vida de esta persona» donde debe analizarse cada situación. La desesperanza y la falta de perspectivas de futuro aparecen como elementos recurrentes, especialmente entre los jóvenes, y requieren ser abordados con estrategias que consideren tanto los factores de riesgo como los factores de protección en cada territorio.
La especialista destaca el trabajo que se viene realizando en Córdoba a través del programa provincial de prevención del suicidio dependiente de la Secretaría de Salud Mental y Adicciones, así como las guardias en hospitales adecuadas a la ley de salud mental. No obstante, reclama mayores políticas de comunicación y herramientas estandarizadas para que la comunidad pueda identificar señales de alerta. «¿Cómo vamos a ver lo que no sabemos identificar? Porque no nos lo han enseñado», plantea.
Como mensaje final, Rossi insiste en la necesidad de estrategias sostenidas y adaptadas a cada comunidad, pero también en una reflexión profunda sobre la naturaleza de las crisis. «Las crisis son del orden de lo agudo y que necesariamente pasan, las crisis no son eternas. Perder una vida ante una situación de crisis que indefectiblemente va a ser reversible, creo que realmente es una pena y una pérdida enorme», concluye. Para consultas, la Subsecretaría de Salud Mental atiende a través del 0800-222-5462, línea que deriva a las distintas provincias, también está vigente la línea 135 de asistencia al suicida.
Escuchá la entrevista completa acá: